miércoles, 10 de julio de 2013

VERANO INDIO - HUGO PRATT & MILO MANARA



El término 'verano indio' (indian summer) es una antigua expresión inglesa con la que los anglosajones hacen referencia a un fenómeno meteorológico que ocurre normalmente durante los primeros días del otoño, cuando las temperaturas son bastante más elevadas de lo normal para la época del año. Un verano indio es, por tanto, el equivalente a lo que nosotros en España conocemos como 'veranillo de San Miguel' o 'veranillo de los membrillos', esos días de calor en mitad del otoño justo antes de que las temperaturas se desplomen anunciando la llegada del próximo invierno.

En 1983, 'Tutto ricominciò con un'estate indiana' (Todo comenzó con un verano indio) sería el título original italiano escogido para que viera la luz la primera colaboración entre dos gigantes del cómic europeo y universal: el veneciano Hugo Pratt y el veronés Milo Manara. Este álbum, más conocido en el resto del mundo simplemente como 'Verano indio', es una aventura de corte histórico que nos ubica en las costas de Nueva Inglaterra durante un otoño a principios del siglo XVII. Una comunidad de colonos puritanos -New Canaan- vive una precaria tregua con los indígenas de la tribu Squando, después de años de enfrentamientos. Pero la paz y la convivencia entre ambas comunidades es frágil, pudiendo saltar por los aires en cualquier momento por el más mínimo roce. El fuego del odio nunca se extingue del todo y se reaviva fácilmente.

En este contexto dos indios Squando -el sobrino del jefe de la tribu y un mestizo rubio llamado 'el Holandés'- violan a la sobrina del predicador de la colonia, recién llegada al Nuevo Mundo. Como represalia, los dos indios serán asesinados por Abner Lewis, un colono testigo de la violación. Ese será el comienzo de las hostilidades y el principio del fin para New Canaan, puesto que todas las tribus de la región se aliarán con el fin de vengar la muerte de los dos jóvenes indios asaltando el emplazamiento fortificado de los europeos.

Tanto Pratt al guión como Manara al dibujo demostraron con este álbum estar en la cima de sus carreras y sus habilidades artísticas. El guión pergeñado por Pratt tiene la fuerza novelesca de los mejores dramas de James Fenimore Cooper. Y qué decir de Manara... Personalmente, nunca he visto al autor italiano dibujar mejor que en este trabajo (para el que tuvo que realizar una dura labor de documentación histórica) conjugando al mismo tiempo la pasión de un joven aprendiz con la sabiduría y los recursos consumados de un maestro. En mi opinión esta es de lejos su mejor obra (junto con 'El Gaucho' la otra historia que dibujara con guiones de Hugo Pratt), quizás motivado también por el hecho de que el autor se aleja con ella de las historias eróticas por las que es conocido y que tanta fama le han granjeado a lo largo de su trayectoria profesional.

Las 13 primeras páginas con las que comienza 'Verano Indio' son auténtica historia del noveno arte, una larga secuencia muda digna de figurar en las mejores enciclopedias sobre cómic habidas y por haber. Una verdadera lección de arte secuencial, en la que las palabras no son necesarias para atrapar y seducir al lector (el silencio sólo es interrumpido por un lacónico diálogo en las páginas 10 y 11). Fijaos en la diáfana estructura narrativa, en la elección y concatenación de planos, en el ritmo de la historia, en las expresiones faciales de los personajes, en su lenguaje corporal, en la sabia utilización del color con la que se reproduce la luz otoñal, en la poesía del mar y las olas (y esas gaviotas, que tanto evocan a Corto Maltés)... Mil y un detalles que convierten estas láminas en puro arte. Una delicia que dejo aquí para vuestro disfrute.














15 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece que no vamos a estar de acuerdo hoy, hombre de trapo.
Leí la historia cuando la publicaban seriada en el Cimoc... y no me pareció una obra maestra, ni en aquellos años ni ahora.
En cuanto tenga un poco de tiempo, te daré una respuesta más amplia y razonada.
Un saludo.
Jorge de Asturias.

Hombre de Trapo dijo...

OK. Quedo a la espera. :)

Anónimo dijo...

A ver como me explico:
La primera página, muy bien:Viñeta de paisaje para situarnos. Luego zoom de alejamiento con las gaviotas, abriendo el campo visual hasta que aparecen los dos indios, y luego abriendo el campo un poco más hasta que se ve la chica.
Segunda página. empiezan los problemas:
Plano medio para que veamos en sus caras las aviesas intenciones de los indios. Plano medio lateral ¿por qué? sería mucho mejor ver de frente su rostro, su expresión. En la tercera viñeta, casi un plano cenital para mostrarnos que estaban paseando y se encuentran por casualidad. Esta viñeta tendría sentido si se nos hubiese mostrado antes, ahora sobra y rompe la acción. Imagina que esa viñeta no está ¿ves como no es necesaria?
Toda la secuencia en la que los indios juegan al gato y al ratón persiguiendo a la chica está bastante bien, mostrando como suben la duna y la bajan dando volteretas. Pero sobra el primer plano de la chica. De haber algo ahí, debería ser un plano de la chica iniciando el movimiento para levantarse.En la siguiente página comienzan las cosas raras:
Desvisten a la chica y... ¿y? Más gaviotas para dar la impresión de que pasa algo de tiempo. Luego se ve la duna y un indio que ¿camina de espaldas? y se sienta. Primer plano para que veamos su expresión. ¿qué expresión? ¿tristeza y rabia? ¿por qué?
Siguiente página: Más paso del tiempo, ésta vez con las olas del mar, no con gaviotas, y plano medio del otro indio mirando algo que está en el suelo enfrente de él. Hay que suponer (echándole mucha imaginación) que es la chica. Si no se quiere mostrar lo que ha ocurrido hay un montón de maneras de dar a entender lo que ha pasado, pero lo único que se hace es volatilizar a la chica. Un plano/contraplano de los dos, él desde arriba y ella desde abajo, lo habría dejado todo clarísimo.
Siguiente página: El indio rubio recibe el disparo de alguien escondido en los matorrales, que podría ser Valerio Lazarov (ahora me acerco, ahora me alejo, ahora me acerco...) Plano/contraplano del tirador... mal hecho. Se supone que son la misma imagen desde dos puntos de vista, pero en la primera está apuntando y en la segunda no.
Por fin, vemos a la chica, pero no sé para qué. Se supone que la vemos desde el punto de vista del indio moreno... pero no está mirando hacia la playa, está mirando hacia arriba. Luego secuencia de viñetas (en mi opinión) desordenada: la viñeta de las gaviotas debería de estar justo antes del disparo. La chica mira al indio ¿por qué? ¿no sería más lógico que buscase al tirador?
Siguiente página, más viñetas desordenadas. ¿no es más lógico que saque los cuerpos del agua ANTES de sacar el cuchillo?
Uf. Abrevio. Siguiente página, ligero cambio del punto de vista sin motivo alguno que no sea que la foto de la que ha copiado el gesto era así. El Gesto: debería ser asco, repulsión, pero no. Parece que llora por que ha perdido algo muy querido. Bofetada: se ve claramente que están casi enfrentados, pero en la viñeta de la bofetada el hombre está casi detrás, dando la impresión de que más que bofetada es colleja.

Y me voy a detener aquí, por que sería muy largo.
Dirás ( con razón ) que peco de quisquilloso con pequeños detalles; pero es que estos pequeños ( y no tan pequeños) errores se les perdonan a unos pocos autores mimados por la crítica, mientras que se echa abajo la labor de otros sin razón alguna. O como mucho por la única razón de no ser Europeo.
Creo que Manara sería un gran dibujante de tebeos... si se preocupara de contar la acción en vez de dibujar lo que le sale de los...pinceles.
Lamento haber sido tan duro, pero estoy hasta los mismísimos de la crítica asalariada y mamporrera que se hace en éste país y que olvida a PERSONAS que han hecho unos tebeos mucho más correctos que éste tildando sus trabajos de basura inculta.
Un saludo y sinceras disculpas si he ofendido en algo.
Jorge de Asturias.

Anónimo dijo...

Aclaro que cuando digo "crítica asalariada..." no me refiero a la tuya, sino a la de las editoriales Nueva Frontera y Toutain, que publicaban EL CLIC simultáneamente y se deshacían en halagos hacia las "manarradas" que dibujaba el señor Milo Manara.
Jorge de Asturias.

Hombre de Trapo dijo...

Caramba, Jorge. Menudo comentario el tuyo. Te has explayado. Gracias por tomarte la molestia de escribirlo y por ser tan participativo. :)

Bueno, creo que has dejado bastante claro que Milo Manara no es un autor que te entusiasme precisamente. No pasa nada, todos tenemos nuestras particulares filias y fobias. Afortunadamente somos libres de expresarlas, como es natural. Desde luego no me voy a ofender porque alguien no se muestre de acuerdo conmigo o mis opiniones, faltaría más. Nadie está en posesión de la verdad absoluta y de todas las críticas se puede aprender algo positivo.

Y tranquilo, he comprendido a quién te referías en tu comentario anterior. En ningún momento me he dado por aludido. Es pública y notoria la clase de difamaciones que el cómic USA recibía en los años 70 y primeros 80 por parte de determinados sectores críticos de nuestro país. :)

Ahora bien, por lo que he podido deducir de tus palabras creo que tu percepción de la obra de Manara está bastante condicionada por toda esta corriente crítica negativa. Personalmente opino que todo este debate 'cómic de superhéroes vs. cómic europeo' hace años que está bastante superado. Se circunscribió a una época concreta y a unos intereses económicos particulares por parte de algunas editoriales de este país, que al mismo tiempo que descalificaban al cómic americano en los artículos de opinión de sus revistas luchaban bajo cuerda por hacerse con los derechos de publicación en España de Marvel y DC. Actualmente casi nadie piensa que el cómic americano sea basura inculta ni se mira por encima del hombro a ningún autor por el mero hecho de no ser europeo. Todo eso quedó atrás hace mucho tiempo, afortunadamente. Hoy en día ningún hijo de vecino se ve en la necesidad de justificarse por leer superhéroes ni se siente acomplejado por ello, creo yo.

Por otro lado, tampoco me parecía razonable la postura de aquellos que en los 80 tachaban al cómic europeo de ser pretencioso, intelectualoide o directamente aburrido (gafapasta es la palabra que lo definiría hoy en día). A pesar del victimismo de algunos, esta corriente crítica también existió, no debemos olvidarlo, y los menosprecios al cómic europeo también fueron abundantes por parte de aquellos que defendían el cómic americano con uñas y dientes. En toda guerra siempre hay bajas en los dos bandos, no únicamente en uno de ellos.

Y es que esa actitud guerracivilista es muy española, muy nuestra. Para defender lo que nos gusta nos vemos en la obligación de menospreciar aquello que no, de negarle el mérito al contrario. Nos gustan los extremos, el blanco y el negro sin matices de gris en medio. Acuérdate de la que se liaba en España en aquellos años entre partidarios y detractores de líneas claras, chungas y clásicas.

Al final, los únicos perjudicados por esta actitud cainita por parte de la crítica eran los propios autores de cómics. ¿Qué culpa podían tener Moebius, Manara, Chaland o Druillet (por poner un ejemplo) del empecinamiento interesado de algunos críticos españoles en contra del cómic americano? Absolutamente ninguna, cero. Ni lo promovieron ni lo alentaron, pero sí que se vieron perjudicados por la contra-reacción de los que para defender el cómic americano se vieron en la obligación de atacar a estos autores y sus obras. Víctimas inocentes, daños colaterales de una crítica polarizada. Y a la inversa sucedía lo mismo. Desgraciadamente, en el mundo del cómic somos pocos y estamos muy mal avenidos, y eso es malísimo para el cómic como arte y como industria.

Hombre de Trapo dijo...

Muy pocos lectores leen con asiduidad cómic español, europeo, americano o japonés indistintamente, y los que lo hacen son (somos) minoría. En general cada persona busca un nicho de obras y autores con los que se siente cómoda y pocas veces se aventura a salir fuera de aquellos géneros o estilos que le resultan familiares, negándose de esta manera a sí mismos la oportunidad de conocer otras sensibilidades y otras maneras de entender el cómic que sin duda los enriquecerían enormemente como lectores. Nos falta curiosidad para explorar otras posibilidades. Porque al final sólo hay dos clases de cómics: buenos y malos, independientemente de su nacionalidad o procedencia, o de los géneros que traten.

Por otro lado, es verdad que Manara es un artista que ha perdido mucho con la edad (en su descargo hay que decir que esto es algo que les sucede a la mayoría de autores). En los últimos tiempos se ha refugiado en fórmulas y lugares comunes. Sabe qué es lo que funciona en sus cómics y lo que su público busca en ellos, y eso es lo que ofrece: su mujeres tienen todas la misma expresión orgiástica en la cara en todas las viñetas, independientemente de que esté justificado por el guión o no. Álvaro Pons mantenía durante los últimos tiempos de la Cárcel de Papel que Manara había sido en su momento un dibujante enorme, de los mejores que había dado el cómic europeo, pero que en la actualidad ya no se preocupaba por dibujar ni por narrar. Y es más, decía que aunque Manara quisiera ya no podría volver a dibujar como en sus inicios. Pons defendía la idea de que Manara, a base de conformismo y soluciones rutinarias, había olvidado cómo dibujar. Y la verdad es que yo estoy bastante de acuerdo con la opinión de Álvaro Pons. Sólo hace falta echar un vistazo a uno de los últimos trabajos de Manara (el álbum ‘X-Men: Mujeres en Peligro’ que hizo recientemente con Claremont para Marvel Comics) para darse cuenta de que estaba en lo cierto.

Dicho esto, lo cortés no quita lo valiente, y Manara tuvo un puñado de obras maravillosas en sus años de esplendor, le pese a quién le pese, tanto fuera como dentro del género erótico (principalmente). Ahí están el ‘Rey Mono’, una parodia política basada en la popular leyenda de la mitología china; o ‘El Hombre de Papel’, un hermoso y atípico western. U obras cumbre del cómic erótico como ‘El Perfume del Invisible’ o ‘Gulliveriana’. Otra cosa es que a ti, Jorge, personalmente no te guste el género erótico, lo cual es respetable. Pero hay que recordar que grandes artistas han realizado obras adscritas a este género, no sólo dentro del ámbito de los cómics, sino en todas las facetas del arte (literatura, cine, fotografía, pintura…) y en todas el género erótico ha dado obras maestras. Por ejemplo, dentro del cómic el último genio que ha tenido contacto con el género ha sido Alan Moore en ‘Lost Girls’, sin que dicho trabajo haya supuesto mancha o menoscabo alguno en su historial. Por eso creo que el uso despectivo del término ‘manarradas’ empleado en el comentario a la hora de referirse a los cómics de Manara no ha sido demasiado afortunado, sinceramente, especialmente si tenemos en cuenta que en los dos cómics que Manara hizo en colaboración con Hugo Pratt -Verano Indio y El Gaucho- el componente erótico es anecdótico, quedando reducido a la mínima expresión (para los estándares habituales del autor). Ambos son cómics de aventuras históricas con pinceladas eróticas más que cómics eróticos propiamente dichos.

Hombre de Trapo dijo...

Pero es que curiosamente, tanto El Gaucho como Verano Indio -la obra que un servidor analizaba en el post- son con diferencia las dos obras mejor narradas de la trayectoria profesional de Manara, precisamente por la participación de Pratt en los guiones. Pratt ayudó a paliar las dificultades que Manara pudiera tener con el storytelling. En ese sentido continúo opinando lo mismo que escribí en la entrada. Para mí la secuencia muda de 13 páginas con la que abre Verano Indio es de auténtica antología, de lo mejor que he visto en las páginas de un cómic, y como tal la tengo que defender, si bien dejando claro que mi intención no es convencer a nadie ni imponer mi punto de vista sobre el de los demás, solamente expresar lo que pienso de la manera más comprensible y diáfana posible.

- Comentas que la viñeta cenital de la página 2 tendría sentido si se nos hubiese mostrado antes, y que por dicho motivo sobra. Ahora bien ¿antes cuándo? En toda historia la regla de oro de un guionista debe ser informar inmediatamente al espectador sobre las cinco cuestiones clásicas: Quién, dónde, cuándo, cómo y por qué (las 5 uves dobles). Especialmente si el relato es mudo (como es el caso de esta secuencia) y el autor no puede apoyarse en las palabras para dilucidar estas cuestiones, entonces todo el peso de la narración recae sobre el dibujo, que ha de ser especialmente claro y explicativo. En la página 1 Manara ha estado bastante ocupado respondiendo visualmente a las preguntas ‘quién, dónde y cuándo’ en orden de importancia -una playa, una mañana de otoño, dos indios y una joven- pero aún debe responder cómo y por qué, y lo hace inmediatamente después. Esta viñeta responde a ambas cuestiones, y por eso no sobra. Contiene información valiosa para el lector. Al utilizar el plano cenital, Manara deja claro el cómo -las huellas en la arena indican que por azar, por mera casualidad, un desgraciado encuentro fortuito y aleatorio- pero también el por qué de la violación -porque están solos, la playa está desierta, no hay nadie más que ellos a la vista. Además, esta viñeta no rompe la acción por el simple motivo de que la acción aún no ha empezado. Manara sólo ha establecido el escenario, el tablero de juego, pero aún no ha movido ficha. La acción comienza justo después. Por lo tanto esta viñeta realiza una función fundamental dentro de la página: la de pausa dramática para acentuar la tensión de la situación, la calma que antecede a la tempestad. Es una pausa valorativa en la que tanto víctima como agresores sopesan mutuamente sus posibilidades y las del contrario. ¿Qué hacer? ¿Correr, huir, avalanzarse sobre la presa, defenderse?

- En la página 4 Pratt y Manara optan por la opción de la elipsis narrativa para contar la violación de la chica por parte de los indios. Todo sucede fuera de plano, detrás de una duna, y sinceramente, me parece la solución más elegante y sutil que podían elegir. Recrearse en los detalles del acto sexual hubiese sido morboso, francamente de mal gusto. En realidad, la aproximación de ambos autores a tan trágico suceso es hasta pudorosa, si me apuras (lo cual contradice ostensiblemente a todos aquellos que califican a Manara de impúdico). En cierto sentido, esta escena me recuerda la manera en que el director de cine austriaco Michael Haneke retrataba la violencia en su film ‘Funny Games’: sin mostrarla, siempre fuera de plano, con el único acompañamiento sonoro de los golpes y los gritos (lo cual, paradójicamente, amplificaba la violencia de las escenas en la imaginación del espectador). Manara ubica el punto de vista del observador a ras de suelo, a la misma altura que víctima y agresores. Por eso, al terminar su turno el primer indio se pone de pie y se sienta sobre la duna ubicada a su espalda, mientras continúa observando a su compañero y a la chica tumbados a sus pies. Su gesto es de cansancio, de agotamiento tras el coito (el sudor le cae profusamente por la cara). Y en toda la secuencia tampoco hay que desdeñar el componente metafórico que tiene la duna con vegetación: simbólicamente un enorme monte de Venus.

Hombre de Trapo dijo...

- ¿De verdad crees que hay que echarle mucha imaginación para deducir que lo que mira el indio en el plano medio de la página 5 es la chica? Quizás si el relato empezase directamente con esta viñeta sí, pero desde luego tras los sucesos narrados en las 4 páginas anteriores está meridianamente claro. El cómic es una sucesión de imágenes, no imágenes aisladas. Manara, al igual que en la página anterior, sigue manteniendo en el inicio de esta página el punto de vista a ras de suelo. Es por eso que el plano medio del indio rubio es un contrapicado en ¾ (él se ha levantado pero la víctima/el espectador no). La coherencia narrativa de la elección del punto de vista es máxima en ese sentido. El no mostrarnos qué ha sucedido con la chica tras la violación es una estrategia destinada a aumentar la tensión y el interés del espectador por ella. ¿Qué le habrán hecho? ¿La habrán herido gravemente? ¿Estará muerta y por eso no se levanta? A veces no es recomendable dárselo todo mascado al público, sino hacerle pensar. Por otro lado, la presencia del mar y de las olas en toda esta secuencia no es casual. El mar siempre ha sido el símbolo por excelencia del eterno femenino (quizás por aquello de la coincidencia temporal del flujo de las mareas y las fases lunares con el ciclo de la menstruación).

- En la página 6 no creo que el plano/contraplano al que haces referencia esté mal hecho. La definición de plano/contraplano no implica ‘obtener la misma IMAGEN desde dos puntos de vista’, sino ‘obtener al mismo PERSONAJE desde dos puntos de vista’, lo cual es sustancialmente diferente. Si todos los planos/contraplanos ofreciesen la misma imagen desde dos puntos de vista distintos, la narración no avanzaría, se vería entorpecida y ralentizada, tanto en el cine como en los cómics. Sería un recurso reiterativo. Un ejemplo: imagínate la escena de una película en la que aparece un hombre tomando una copa en un bar. En el plano el tipo está dándole una calada a un cigarrillo, mientras que en el contraplano ha comenzado a exhalar el humo de la calada y a echar un trago de whiskey de un vaso. El plano y el contraplano nunca pueden mostrar la misma imagen desde dos puntos de vista porque hay un SALTO TEMPORAL entre ambas imágenes, ha pasado el tiempo entre el final de una acción y el comienzo de la siguiente. De lo contrario la imagen estaría congelada. La función del plano/contraplano es mostrar al mismo personaje realizando acciones distintas desde puntos de vista diferentes. Con esto en mente, en el plano de la primera viñeta el joven continua apuntando tras haber efectuado el disparo que acabó con el indio rubio, mientras que en el contraplano de la segunda imagen ha comenzado a recoger el mosquete para recargarlo y efectuar un nuevo disparo. De esta manera se abrevia y se agiliza la narración.

- En la página 7 se rompe la tensión generada desde la página 4 con la desaparición de la chica: la joven sale de detrás de la misma duna en la que los indios la violaron. Está viva. Magullada y ultrajada, pero viva. Ese es el motivo de que aparezca en esta página, y porque su presencia como testigo en la muerte del segundo indio es fundamental. La siguiente secuencia de 3 viñetas en la que el joven indio eleva la vista a los cielos es magnífica. El indio sabe que va a morir, que no tiene escapatoria, y se despide de la vida. Se ha resignado. Su ejecución es inminente. Antes de respirar por última vez se encomienda a sus dioses y echa un postrer vistazo al sol, al cielo, a las gaviotas. Las gaviotas son el símbolo de la vida que vuela y se escapa de las cárceles terrenas, del alma que se eleva en el horizonte. La siguiente viñeta con la chica mirando al indio ejerce una función de pausa dramática y está justo donde debe de estar: generando tensión como contrapunto durante la cuenta atrás, esperando el disparo definitivo (en ese sentido, esta viñeta realiza el mismo papel que la viñeta cenital de la página 2, es decir, la de un metafórico redoble de tambor ante cualquier pelotón de fusilamiento).

Hombre de Trapo dijo...

- El gesto de la chica en la página 9 para mí es sublime… y refleja perfectamente el estado de shock en que se encuentra. Es una extraña mezcla entre pena y asco. De pena, sí, porque a pesar de haber sido violada, la joven no ha podido evitar apiadarse ante la muerte de los indios y el ensañamiento con los cadáveres por parte de su rescatador. A veces se producen este tipo de reacciones (cercanas al síndrome de Estocolmo) en víctimas de casos de violencia sexual. Además, como descubriríamos más adelante en el relato, no era la primera vez que la joven había sido violada, sino que de manera clandestina había venido sufriendo abusos frecuentes por parte de su tío, el predicador puritano de New Canaan. En cuanto a la postura durante la bofetada, creo que es evidente que la fuerza del impacto ha desplazado la cara de la chica hacia un lado (incluso el cabello le llega a cubrir la cara debido a la inercia) y por lo tanto es normal que en el instante congelado que reproduce Manara en la viñeta no coincidan plenamente la mano con el punto de impacto.

Por cierto, ya que mencionas la edición conjunta de ‘El Clic’ que realizaron en 1984 las revistas ‘Totem’ y ‘Cómix Internacional’ (la primera vez que esta obra fue publicada en nuestro país) hay que señalar que en dicha edición la obra fue censurada por los editores españoles. Remontaron viñetas y eliminaron ciertas páginas, curiosamente las que incluían las escenas sexuales más tórridas, lo cual organizó un tremendo revuelo y un montón de protestas entre los lectores de dichas revistas. Afortunadamente en ediciones posteriores se corrigió todo este desaguisado. Con esto lo quiero decir es que quizás los dueños de estas publicaciones se deshicieran en elogios hacia la figura de Milo Manara, pero desde luego no mostraron ningún respeto hacia su obra.

En fin, me parece que podría argumentar otros puntos, pero todo resultaría demasiado extenso y prolijo (más de lo que ya está siendo) y además creo que mi postura ha quedado ya bastante clara. Por otro lado, este tipo de discusiones bizantinas rara vez suelen llegar a buen puerto.

Nada más. Simplemente agradecerte por haber realizado un comentario tan interesante. Me encanta discutir y teorizar sobre cómics. A veces no hay nada más satisfactorio que verte obligado a realizar un razonamiento extenso para defender tus opiniones, aunque para ello uno deba estrujarse las meninges más de la cuenta.

Saludos.

Anónimo dijo...

Saludos, hombre de trapo.
Estoy de acuerdo con algunas de tus observaciones... y no con otras.
Totalmente de acuerdo contigo en la parte en la que mencionas a Alvaro Pons y su cárcel de papel.
Hay algo que no he dejado claro: creo que Manara me revienta tanto por que tiene el saber, tiene la habilidad y tiene la capacidad para hacer una obra maestra detrás de otra. Lo que no tiene es la VOLUNTAD. Se acomodó enseguida (o lo "acomodaron" los editores, no lo sé) a poner en sus páginas cosas que hacen que un comic venda. Y por desgracia son cosas que no hacen que sus comics sean mejores.
Me reafirmo en que tiene el gran problema de que pudiendo dibujar cualquier expresión, no dibuja siempre la más adecuada. Como ejemplo el primer plano del chico en la página 11 ¿por qué mira con odio a la chica?
Pero aparte de diferencias de opinión que podamos tener sobre ésta obra (o sobre la mejor manera de narrar) hay algo en lo que creo que me podrás orientar: en una parte de tu post dices que "Manara y Pratt decidieron hacerlo así" lo que me ha hecho preguntarme ¿Pratt hizo un guión más o menos abierto, dejando libertad a Manara para narrar, o todo estaba detallado? ¿hizo Pratt bocetos o planificaciones de página?
Por que puede que haya puesto a parir a Manara... y la culpa no sea totalmente suya.
Otra cosa en la que tienes toda la razón: Con lo de las "manarradas" me pasé. Inconscientemente, metí a Manara en el mismo saco que a Eleutieri Serpieri. Y aunque tienen puntos en común, no se pueden poner al mismo nivel.
Un placer poder intercambiar opiniones contigo.
Un saludo.
Jorge de Asturias.

Hombre de Trapo dijo...

Saludos, Jorge.

En un principio, 'Verano Indio' era un guión que realizó Pratt con la intención original de dibujarlo él mismo. Pero en los años en que lo escribió Corto Maltés llegó a convertirse en una creación tan exitosa y absorbente que Pratt no encontraba tiempo para dibujar prácticamente nada que no fueran historias de este personaje, por lo que el guión pasó algunos años guardado en un cajón, a la espera de encontrar un hueco para él.

Hugo Pratt y Manara eran grandes amigos (ambos hablaban el mismo dialecto italiano del Véneto) por lo que ante el riesgo de que la historia permaneciera inédita Pratt decidió cederle a Manara -un artista de su confianza- la tarea de encargarse del dibujo, a lo que Milo accedió a la velocidad del rayo (Pratt era el héroe de adolescencia de Manara, por lo que el veronés vio en el encargo la oportunidad soñada de trabajar con un autor al que idolatraba, y al que ya había homenajeado en la saga de 'HP y Giuseppe Bergman'). Hugo Pratt tan sólo puso 2 condiciones: que Manara respetase escrupulosamente el argumento de la historia y que conservase íntegros los diálogos originales. A cambio Pratt le dio a Manara libertad plena para narrar la historia con el ritmo y en el espacio que él quisiera (‘para una escena podía usar 2 o 20 páginas, a mi gusto’). Es decir, que no hubo bocetos previos ni planificaciones de página por parte de Pratt.

En esta entrevista para el diario 'El País' con motivo de la visita de Manara a la edición del año 2012 del Salón del Cómic de Barcelona, Manara reconoce que su mejor obra es 'Verano Indio' (lo cual no me sorprende, puesto que toda la crítica internacional -no sólo la española- coincide en señalarla como su obra maestra) pero lo que es más interesante, descubre que la secuencia muda de apertura de este álbum ocupaba en el guión original de Pratt 4 páginas, por lo que fue iniciativa suya alargarla hasta más allá de la decena.

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/05/05/actualidad/1336244105_490458.html

En este otro texto teórico escrito por Oscar De Majo para Tebeosfera se revela el nivel de respeto que Manara sentía por Pratt en sus colaboraciones. Mientras Manara ilustraba el guión de 'El Gaucho' se encontró con términos y palabras utilizados por Pratt totalmente desconocidos para alguien que no haya estado nunca en Argentina, como 'tranquera' o 'rebenque'. Y en lugar de molestar a Pratt preguntándole por el significado de estas palabras, Manara optó por averiguarlo por sus propios medios, lo cual dificultó aún más si cabe el ya de por sí arduo proceso de documentación histórica de esta obra.

http://www.tebeosfera.com/documentos/textos/hugo_pratt_italiano_en_argentina_o_argentino_en_el_mundo.html

Finalmente, aquí tienes un extenso artículo aparecido en el magazine Jot Down en el que se analiza la carrera de Manara así como la relación del autor con sus guionistas (caso de Pratt, Fellini, Almodóvar, Gaiman o Jodorowsky).

http://www.jotdown.es/2012/03/las-diez-mil-mujeres-de-milo-manara/

Hombre de Trapo dijo...

En cuanto al asunto de por qué el chico mira con odio a la chica en el primer plano de la página 11, muy sencillo. Está claro que Abner Lewis está enamorado en secreto de la sobrina del reverendo Black, pero nunca ha podido declararse por ser hijo de una mujer marcada y repudiada por la comunidad puritana de New Canaan (como en ‘La Letra Escarlata’, de Hawthorne). Cuando él la rescata de sus violadores y le ofrece sus cabelleras como trofeo -en compensación por haber sido mancillada- decididamente no esperaba la reacción de ella, no esperaba que llorase y se apiadase por la muerte de sus agresores. El joven, que esperaba gratitud o admiración por parte de la mujer, se siente despechado, celoso, y por eso la abofetea. Del amor al odio no hay más que un paso. Recordemos que se trata de una secuencia muda, y que por lo tanto la manera de transmitir información al lector ha de ser estrictamente visual. Por eso la expresión y la mirada del joven en esa viñeta me parecen una auténtica genialidad. Con una sola mirada Manara está sugiriendo al espectador toda una historia pasada de amor, un background sentimental que el dibujante nos permite intuir o entrever de manera sutil a través de las expresiones y reacciones de sus personajes. Porque esa es la palabra clave que define estas páginas: sutilidad.

Por eso las dos últimas páginas me parecen maravillosas. Cuando él la llama desde lo alto de la duna para que lo siga y a continuación el joven desanda el camino hasta llegar a ella y besarla. Finalmente él no puede reprimir más sus sentimientos por ella y la besa. Para él, el hijo de una repudiada, no tiene ninguna importancia que esta mujer ya no sea pura, porque la quiera tal cual es, sin los estigmas sociales que sin duda la violación le acarreará a la joven.

Y ese beso tiene una fuerza y una plasticidad enormes. Es uno de esos besos míticos del cine clásico, como el de Clark Gable y Vivian Leigh con Atlanta ardiendo de fondo en ‘Lo que el viento se llevó’, o el de John Wayne y Maureen O’Hara en ‘El hombre tranquilo’. Manara acompaña el momento del beso con el despegue de una bandada de gaviotas, lo cual acentúa aún más la iconicidad de la estampa. Luego ella ya no puede soportar tanta tensión nerviosa acumulada y se desmaya, y él la lleva en brazos hasta su cabaña. El final de la secuencia es precioso, con ese plano en el que Manara aprovecha el marco de la ventana de la casa para enmarcar la viñeta. Absolutamente genial.

Anónimo dijo...

Un saludo, hombre de trapo.
Creo que confundí el tema de lo que hablábamos. No era sobre un tebeo; era sobre amor.
Tú AMAS esta obra. Así de claro.
Y lo último que yo intentaría es hacer que la dejases de amar.
Yo no la amo, y a "El Gaucho" tampoco. Pero eso es mi problema.
Gracias por los enlaces.
Una nota al margen: ni tan siquiera separo los tebeos en buenos y malos: tan sólo o me gustan o no. Y no los juzgo por su procedencia.

Un saludo.
Jorge de Asturias.

Carola Pizarro Araya dijo...

El diálogo entre ambos ha sido tan memorable y profundo que nada más podría decir, salvo gracias, han sido fuente de mejorar mi apreciación estética.

Hombre de Trapo dijo...

Gracias a ti, Carola, me siento muy honrado por tu comentario, de verdad.

¡Saludos!