domingo, 20 de abril de 2014

BATMAN 75º ANIVERSARIO:
SEGUNDO CORTOMETRAJE, POR COOKE


Ilustración de 'Batman Beyond' - Darwyn Cooke.

El departamento de animación de DC hizo público el día de ayer su anunciado segundo cortometraje con el que celebrar el 75º Aniversario de la creación de Batman en 1939. Si en el primer corto (dirigido por Bruce Timm, y que podéis ver aquí) presenciábamos un bonito homenaje al pasado del personaje, en esta ocasión nos toca echarle un vistazo a su futuro.

'Batman Beyond' está dirigido por Darwyn Cooke. Recordemos que el propio Cooke ya había trabajado como animador entre los años 1999 y 2001 en la serie televisiva de la versión futurista de Batman (el adolescente Terry McGinnis) antes de iniciar su carrera en el mundo del cómic con la Catwoman de Brubaker o su aclamado proyecto 'The New Frontier'.

A pesar de la innegable calidad de la pieza (y de poder contemplar algunas de las versiones más icónicas del murciélago en distintos medios, principalmente cómic, cine y televisión) si estuviera obligado a escoger entre los dos cortometrajes, me quedaría sin dudarlo con el Batman retro de Timm. Anticuado que es uno, la verdad.


viernes, 18 de abril de 2014

AFORISMO XXI


Gabo (1927-2014).

- '[La inseguridad] es parte inseparable del proceso creador. No hay verdadera creación sin riesgo y por lo tanto sin una cuota de incertidumbre. Yo nunca vuelvo a leer mis libros después que se editan, por temor a encontrarles defectos que pueden pasar inadvertidos. Cuando veo la cantidad de ejemplares que se venden y las lindezas que dicen los críticos, me da miedo descubrir que todos están equivocados -críticos y lectores- y que el libro, en realidad, es una mierda. Es más -lo digo sin falsa modestia- cuando me enteré de que me habían dado el Premio Nobel, mi primera reacción fue pensar: "¡Coño, se lo creyeron! ¡Se tragaron el cuento!". Esa dosis de inseguridad es terrible pero al mismo tiempo necesaria para hacer algo que valga la pena. Los arrogantes que lo saben todo, que nunca tienen dudas, se dan unos frentazos, mueren de eso'.

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ.
'Cómo se cuenta un cuento' (1995).

jueves, 17 de abril de 2014

X-MEN: DAYS OF FUTURE PAST (2014)




Trailer definitivo de 'X-Men: Días del Futuro Pasado', la película que devuelve al director Bryan Singer a la franquicia mutante. Estreno el 23 de Mayo.


miércoles, 16 de abril de 2014

THE CASK OF AMONTILLADO (PARTE II):
THE ALAN PARSONS PROJECT - 1976


Portada de la edición italiana del álbum, obra del colectivo artístico Hipgnosis.

En 1976 hacía su debut uno de las grupos de rock progresivo más importantes de los años 7080: 'The Alan Parsons Project'. Y menudo debut, puesto que echaban a andar nada más y nada menos que con un álbum conceptual dedicado a los cuentos de terror de Edgar Allan Poe, titulado 'Tales of Mystery and Imagination' (al igual que la famosa antología de relatos de Poe publicada en 1908). Por lo que se ve, a la banda de Alan Parsons no le faltaba ambición, ni se dejaba intimidar fácilmente ante el reto de convertir en paisajes sonoros el espíritu de las complejas narraciones del escritor bostoniano.

El álbum adaptaba algunos de los poemas e historias de Poe más conocidos por parte del gran público, como 'El Cuervo', 'El Corazón Delator' o 'La Caída de la Casa Usher', y contó con la colaboración del cineasta Orson Welles, que prestó su voz a la narración de determinados fragmentos de dos temas instrumentales ('A Dream within a Dream' y 'The Fall of the House of Usher').

Track List:

- 01. A Dream within a Dream (Instrumental) - 4:13
- 02. The Raven - 3:57
- 03. The Tell-tale Heart - 4:38
- 04. The Cask of Amontillado - 4:33
- 05. (The System of) Doctor Tarr and Professor Fether - 4:20
- 06. The Fall of the House of Usher (Instrumental)
        I Prelude - 7:02
        II Arrival - 2:39
        III Intermezzo - 1:00
        IV Pavane - 4:36
        V Fall - 0:51
- 07. To One in Paradise - 4:46

Duración: 40:46 minutos.

Y por supuesto, uno de los relatos escogidos para figurar en el álbum fue 'El Tonel de Amontillado', esa pequeña obra maestra cuyas adaptaciones a distintos medios están ocupando las entradas más recientes del blog. 'The Cask of Amontillado' es un magnífico tema de rock sinfónico, cuya principal virtud consiste en saber trasladar el horror, la angustia y la claustrofobia presentes en la historia de Fortunato sin menoscabar la atmósfera poética propia de las obras de los grandes literatos (realzada en la canción a través del coro de Bob Howes and the English Chorale y por el acompañamiento de la orquesta dirigida por Andrew Powell).

Uno de los grandes hallazgos del vídeo es que su autor (Roger Taylor) ha tenido el buen gusto de escoger la adaptación al cómic del veterano artista español Santiago Martín Salvador -publicada en el número 70 (Abril de 1975, otra vez Abril) de la revista 'Creepy' de Warren Publishing- para ilustrar los pasajes musicales de la canción. Todo un acierto que espero sepáis disfrutar, y con el que ponemos un broche de oro a los últimos posts.





THE CASK OF AMONTILLADO

By the last breath of the four winds that blow,
I'll have revenge upon Fortunato.
Smile in his face, I'll say "Come, let us go,
I've a cask of Amontillado".

Sheltered inside from the cold of the snow,
follow me now to the vault down below.
Drinking the wine as we laugh at the time
which is passing incredibly slow.

(What are these chains that are binding my arm?).
Part of you dies each passing day.
(Say it's a game and I'll come to no harm).
You'll feel your life slipping away.

You who are rich and whose troubles are few
may come around to see my point of view.
What price the Crown of a King on his throne
when you're chained in the dark all alone?

(Spare me my life, only name your reward!).
Part of you dies each brick I lay.
(Bring back some light in the name of the Lord!).
You'll feel your mind slipping away.

martes, 15 de abril de 2014

THE CASK OF AMONTILLADO (PARTE I):
MICHAEL GOLDEN & RICHARD CORBEN


'El Tonel de Amontillado' es con toda seguridad el emparedamiento más famoso de las Letras Universales. Después de disfrutar en la entrada anterior del cuento original de Edgar Allan Poe (uno de los clásicos de la literatura de terror) a continuación exponemos sendas adaptaciones al cómic de dicha relato a cargo de dos maestros del 9º Arte: Michael Golden y Richard Corben. Ambas historias fueron publicadas en un mes de Abril (tal mes como éste) pero separadas en el tiempo por un margen de 36 años.

La primera de ellas, perteneciente a Michael Golden (lápiz y tinta) fue publicada en el número 28 de la colección 'Marvel Classics Comics', junto a las adaptaciones de otros relatos de Poe como 'El Pozo y el Péndulo' o 'El Corazón Delator'. El guión corrió a cargo de Don McGregor. De manera anecdótica, es conveniente señalar que esta fue la primera obra publicada de forma profesional en la exitosa carrera de Michael Golden.


Marvel Classic Comics # 28 - Abril 1978 - Portada de Gene Colan y Tom Palmer.

01

02

03

04

05

06

07

08

09

La segunda adaptación es mucho más reciente. Se trata de una novedad de Dark Horse perteneciente a este mismo mes, por lo que aún tiene la tinta fresca: 'The Premature Burial' (El Entierro Prematuro). Guión, dibujo y color a cargo de un Corben experto en adaptar relatos de Poe (ya lo había hecho en distintas ocasiones con anterioridad) así como de otros escritores de terror como H. P. Lovecraft.


Edgar Allan Poe's The Premature Burial - Abril 2014.

01

02

03

04

05

06

07

08

09

10

11

12

13

14

15

Dos adaptaciones gráficas, dos visiones distintas sobre la desventura del pobre Fortunato vistas a través de los ojos de dos maestros. ¿Con cuál os quedáis?

lunes, 14 de abril de 2014

EL TONEL DE AMONTILLADO - EDGAR ALLAN POE


Ilustración obra de Arthur Rackham (1935).

-"The Cask of Amontillado", publicado originalmente en el magazine Godey's Lady's Book de Noviembre de 1846. Traducción de Julio Cortázar (1969).

Había yo soportado hasta donde me era posible las mil ofensas de que Fortunato me hacía objeto, pero cuando se atrevió a insultarme juré que me vengaría. Vosotros, sin embargo, que conocéis harto bien mi alma, no pensaréis que proferí amenaza alguna. Me vengaría a la larga; esto quedaba definitivamente decidido, pero, por lo mismo que era definitivo, excluía toda idea de riesgo. No sólo debía castigar, sino castigar con impunidad. No se repara un agravio cuando el castigo alcanza al reparador, y tampoco es reparado si el vengador no es capaz de mostrarse como tal a quien lo ha ofendido.
   Téngase en cuenta que ni mediante hechos ni palabras había yo dado motivo a Fortunato para dudar de mi buena disposición. Tal como me lo había propuesto, seguí sonriente ante él, sin que se diera cuenta de que mi sonrisa procedía, ahora, de la idea de su inmolación.
   Un punto débil tenía este Fortunato, aunque en otros sentidos era hombre de respetar y aun de temer. Enorgullecíase de ser un connaisseur en materia de vinos. Pocos italianos poseen la capacidad del verdadero virtuoso. En su mayor parte, el entusiasmo que fingen se adapta al momento y a la oportunidad, a fin de engañar a los millonarios ingleses y austríacos. En pintura y en alhajas Fortunato era un impostor, como todos sus compatriotas; pero en lo referente a vinos añejos procedía con sinceridad. No era yo diferente de él en este sentido; experto en vendimias italianas, compraba con largueza todos los vinos que podía.
   Anochecía ya, una tarde en que la semana de carnaval llegaba a su locura más extrema, cuando encontré a mi amigo. Acercóseme con excesiva cordialidad, pues había estado bebiendo en demasía. Disfrazado de bufón, llevaba un ajustado traje a rayas y lucía en la cabeza el cónico gorro de cascabeles. Me sentí tan contento al verle, que me pareció que no terminaría nunca de estrechar su mano.
  -Mi querido Fortunato -le dije-, ¡qué suerte haberte encontrado! ¡Qué buen semblante tienes! Figúrate que acabo de recibir un barril de vino que pasa por amontillado, pero tengo mis dudas.
   -¿Cómo? -exclamó Fortunato-. ¿Amontillado? ¿Un barril? ¡Imposible! ¡Y a mitad de carnaval...!
   -Tengo mis dudas -insistí-, pero he sido lo bastante tonto como para pagar su precio sin consultarte antes. No pude dar contigo y tenía miedo de echar a perder un buen negocio.
   -¡Amontillado!
   -Tengo mis dudas.
   -¡Amontillado!
   -Y quiero salir de ellas.
   -¡Amontillado!
   -Como estás ocupado, me voy a buscar a Lucresi. Si hay alguien con sentido crítico, es él. Me dirá que...
   -Lucresi es incapaz de distinguir entre amontillado y jerez.
   -Y sin embargo no faltan tontos que afirman que su gusto es comparable al tuyo.
   -¡Ven! ¡Vamos!
   -¿Adónde?
   -A tu bodega.
   -No, amigo mío. No quiero aprovecharme de tu bondad. Noto que estás ocupado, y Lucresi...
   -No tengo nada que hacer; vamos.
   -No, amigo mío. No se trata de tus ocupaciones, pero veo que tienes un fuerte catarro. Las criptas son terriblemente húmedas y están cubiertas de salitre.
   -Vamos lo mismo. Este catarro no es nada. ¡Amontillado! Te has dejado engañar. En cuanto a Lucresi, es incapaz de distinguir entre jerez y amontillado.
   Mientras decía esto, Fortunato me tomó del brazo. Yo me puse un antifaz de seda negra y, ciñéndome una roquelaure, dejé que me llevara apresuradamente a mi palazzo.
   No encontramos sirvientes en mi morada; habíanse escapado para festejar alegremente el carnaval. Como les había dicho que no volvería hasta la mañana siguiente, dándoles órdenes expresas de no moverse de casa, estaba bien seguro de que todos ellos se habían marchado de inmediato apenas les hube vuelto la espalda.
   Saqué dos antorchas de sus anillas y, entregando una a Fortunato, le conduje a través de múltiples habitaciones hasta la arcada que daba acceso a las criptas. Descendimos una larga escalera de caracol, mientras yo recomendaba a mi amigo que bajara con precaución. Llegamos por fin al fondo y pisamos juntos el húmedo suelo de las catacumbas de los Montresors.
   Mi amigo caminaba tambaleándose, y al moverse tintinearon los cascabeles de su gorro.
   -El tonel -dijo.
  -Está más delante -contesté-, pero observa las blancas telarañas que brillan en las paredes de estas cavernas.
   Se volvió hacía mí y me miró en los ojos con veladas pupilas, que destilaban el flujo de su embriaguez.
   -¿Salitre? -preguntó, después de un momento.
   -Salitre -repuse-. ¿Desde cuándo tienes esa tos?
   El violento acceso impidió a mi pobre amigo contestarme durante varios minutos.
   -No es nada -dijo por fin.
  -Vamos -declaré con decisión-. Volvámonos; tu salud es preciosa. Eres rico, respetado, admirado, querido; eres feliz como en un tiempo lo fui yo. Tu desaparición sería lamentada, cosa que no ocurriría en mi caso. Volvamos, pues, de lo contrario, te enfermarás y no quiero tener esa responsabilidad. Además está Lucresi, que...
   -¡Basta! -dijo Fortunato-. Esta tos no es nada y no me matará. No voy a morir de un acceso de tos.
  -Ciertamente que no -repuse-. No quería alarmarte innecesariamente. Un trago de este Medoc nos protegerá de la humedad.
 Rompí el cuello de una botella que había extraído de una larga hilera de la misma clase colocada en el suelo.
   -Bebe -agregué, presentándole el vino.
   Mirándome de soslayo, alzó la botella hasta sus labios. Detúvose y me hizo un gesto familiar, mientras tintineaban sus cascabeles.
   -Brindo -dijo- por los enterrados que reposan en torno de nosotros.
   -Y yo brindo por que tengas una larga vida.
   Otra vez me tomó del brazo y seguimos adelante.
   -Estas criptas son enormes -observó Fortunato.
   -Los Montresors -repliqué- fueron una distinguida y numerosa familia.
   -He olvidado vuestras armas.
   -Un gran pie humano de oro en campo de azur; el pie aplasta una serpiente rampante, cuyas garras se hunden en el talón.
   -¿Y el lema?
   -Nemo me impune lacessit.
   -¡Muy bien! -dijo Fortunato.
   Chispeaba el vino en sus ojos y tintineaban los cascabeles. El Medoc había estimulado también mi fantasía. Dejamos atrás largos muros formados por esqueletos apilados, entre los cuales aparecían también toneles y pipas, hasta llegar a la parte más recóndita de las catacumbas. Me detuve otra vez, atreviéndome ahora a tomar del brazo a Fortunato por encima del codo.
   -¡Mira cómo el salitre va en aumento! -dije-. Abunda como el moho en las criptas. Estamos debajo del lecho del río. Las gotas de humedad caen entre los huesos... Ven, volvámonos antes de que sea demasiado tarde. La tos...
   -No es nada -dijo Fortunato-. Sigamos adelante, pero bebamos antes otro trago de Medoc.
 Rompí el cuello de un frasco de De Grâve y se lo alcancé. Vaciólo de un trago y sus ojos se llenaron de una luz salvaje. Riéndose, lanzó la botella hacia arriba, gesticulando en una forma que no entendí.
   Lo miré, sorprendido. Repitió el movimiento, un movimiento grotesco.
   -¿No comprendes?
   -No -repuse.
   -Entonces no eres de la hermandad.
   -¿Cómo?
   -No eres un masón.
   -¡Oh, sí! -exclamé-. ¡Sí lo soy!
   -¿Tú, un masón? ¡Imposible!
   -Un masón -insistí.
   -Haz un signo -dijo él-. Un signo.
   -Mira -repuse, extrayendo de entre los pliegues de mi roquelaure una pala de albañil.
   -Te estás burlando -exclamó Fortunato, retrocediendo algunos pasos-. Pero vamos a ver ese amontillado.
  -Puesto que lo quieres -dije, guardando el utensilio y ofreciendo otra vez mi brazo a Fortunato, que se apoyó pesadamente. Continuamos nuestro camino en busca del amontillado. Pasamos bajo una hilera de arcos muy bajos, descendimos, seguimos adelante y, luego de bajar otra vez, llegamos a una profunda cripta, donde el aire estaba tan viciado que nuestras antorchas dejaron de llamear y apenas alumbraban.
  En el extremo más alejado de la cripta se veía otra menos espaciosa. Contra sus paredes se habían apilado restos humanos que subían hasta la bóveda, como puede verse en las grandes catacumbas de París. Tres lados de esa cripta interior aparecían ornamentados de esta manera. En el cuarto, los huesos se habían desplomado y yacían dispersos en el suelo, formando en una parte un amontonamiento bastante grande. Dentro del muro así expuesto por la caída de los huesos, vimos otra cripta o nicho interior, cuya profundidad sería de unos cuatro pies, mientras su ancho era de tres y su alto de seis o siete. Parecía haber sido construida sin ningún propósito especial, ya que sólo constituía el intervalo entre dos de los colosales soportes del techo de las catacumbas, y formaba su parte posterior la pared, de sólido granito, que las limitaba.
   Fue inútil que Fortunato, alzando su mortecina antorcha, tratara de ver en lo hondo del nicho. La débil luz no permitía adivinar dónde terminaba.
   -Continúa -dije-. Allí está el amontillado. En cuanto a Lucresi...
  -Es un ignorante -interrumpió mi amigo, mientras avanzaba tambaleándose y yo le seguía pegado a sus talones. En un instante llegó al fondo del nicho y, al ver que la roca interrumpía su marcha, se detuvo como atontado. Un segundo más tarde quedaba encadenado al granito. Había en la roca dos argollas de hierro, separadas horizontalmente por unos dos pies. De una de ellas colgaba una cadena corta; de la otra, un candado. Pasándole la cadena alrededor de la cintura, me bastaron apenas unos segundos para aherrojarlo. Demasiado estupefacto estaba para resistirse. Extraje la llave y salí del nicho.
   -Pasa tu mano por la pared -dije- y sentirás el salitre. Te aseguro que hay mucha humedad. Una vez más, te imploro que volvamos. ¿No quieres? Pues entonces, tendré que dejarte. Pero antes he de ofrecerte todos mis servicios.
   -¡El amontillado! -exclamó mi amigo, que no había vuelto aún de su estupefacción.
   -Es cierto -repliqué-. El amontillado.
   Mientras decía esas palabras, fui hasta el montón de huesos de que ya he hablado. Echándolos a un lado, puse en descubierto una cantidad de bloques de piedra y de mortero. Con estos materiales y con ayuda de mi pala de albañil comencé vigorosamente a cerrar la entrada del nicho.
   Apenas había colocado la primera hilera de mampostería, advertí que la embriaguez de Fortunato se había disipado en buena parte. La primera indicación nació de un quejido profundo que venía de lo hondo del nicho. No era el grito de un borracho. Siguió un largo y obstinado silencio. Puse la segunda hilera, la tercera y la cuarta; entonces oí la furiosa vibración de la cadena. El ruido duró varios minutos, durante los cuales, y para poder escucharlo con más comodidad, interrumpí mi labor y me senté sobre los huesos. Cuando, por fin, cesó el resonar de la cadena, tomé de nuevo mi pala y terminé sin interrupción la quinta, la sexta y la séptima hilera. La pared me llegaba ahora hasta el pecho. Detúveme nuevamente y, alzando la antorcha sobre la mampostería, proyecté sus débiles rayos sobre la figura allí encerrada.
   Una sucesión de agudos y penetrantes alaridos, brotando súbitamente de la garganta de aquella forma encadenada, me hicieron retroceder con violencia. Vacilé un instante y temblé. Desenvainando mi espada, me puse a tantear con ella el interior del nicho, pero me bastó una rápida reflexión para tranquilizarme. Apoyé la mano sobre la sólida muralla de la catacumba y me sentí satisfecho. Volví a acercarme al nicho y contesté con mis alaridos a aquel que clamaba. Fui su eco, lo ayudé, lo sobrepujé en volumen y en fuerza. Sí, así lo hice, y sus gritos acabaron por cesar.
   Ya era medianoche y mi tarea llegaba a su término. Había completado la octava, la novena y la décima hilera. Terminé una parte de la undécima y última; sólo quedaba por colocar y fijar una sola piedra. Luché con su peso y la coloqué parcialmente en posición. Pero entonces brotó desde el nicho una risa apagada que hizo erizar mis cabellos. La sucedió una voz lamentable, en la que me costó reconocer la del noble Fortunato.
   -¡Ja, ja..., ja, ja! ¡Una excelente broma, por cierto..., una excelente broma...! ¡Cómo vamos a reírnos en el palazzo..., ja, ja..., mientras bebamos..., ja, ja!
   -¡El amontillado! -dije.
  -¡Ja, ja...! ¡Sí..., el amontillado...! Pero... ¿no se está haciendo tarde? ¿No nos estarán esperando en el palazzo... mi esposa y los demás? ¡Vámonos!
   -Sí -dije-. Vámonos.
   -¡Por el amor de Dios, Montresor!
   -Sí -dije-. Por el amor de Dios.
   Esperé en vano la respuesta a mis palabras. Me impacienté y llamé en voz alta:
   -¡Fortunato!
   Silencio. Llamé otra vez.
   -¡Fortunato!
   No hubo respuesta. Pasé una antorcha por la abertura y la dejé caer dentro. Sólo me fue devuelto un tintinear de cascabeles. Sentí que una náusea me envolvía; su causa era la humedad de las catacumbas. Me apresuré a terminar mi trabajo. Puse la última piedra en su sitio y la fijé con el mortero. Contra la nueva mampostería volví a alzar la antigua pila de huesos. Durante medio siglo, ningún mortal los ha perturbado. Requiescat in pace!

-FIN-

domingo, 13 de abril de 2014

PORTADAS DE JOE KUBERT PARA 'BLITZKRIEG'


'Blitzkrieg' fue una efímera serie bimestral de género bélico ambientada en la Segunda Guerra Mundial, de apenas 5 números de duración, de las muchas que la editorial DC Comics sacaba al mercado en la década de los 70. Publicada entre Febrero y Octubre de 1976 con portadas de Joe Kubert, guiones del veterano Robert Kanigher y lápiz (en la mayoría de las ocasiones) del dibujante cubano Ric Estrada, lo que diferenciaba esta cabecera del resto de cómics bélicos era el hecho de que las historias estuvieran contadas desde el punto de vista del enemigo, esto es, el ejército Nazi. Lo novedoso de la propuesta no entusiasmó precisamente al lector norteamericano, a tenor de las pobres ventas del título. Acostumbrados a identificarse con sus propios -y heroicos- combatientes (como el Sargento Rock) el público dio la espalda de manera mayoritaria a la serie, a pesar de que la calidad de las historias era superior a la de la mayoría de títulos similares que publicaba la propia DC, que se vio obligada a cancelarla al poco de iniciar su andadura.

El término alemán 'blitzkrieg' (literalmente 'guerra relámpago') hace referencia a la táctica militar ideada por la Wehrmacht, consistente en un intenso bombardeo aéreo que destruyese e inutilizase las defensas enemigas de forma previa a una rápida ocupación militar terrestre -efectuada con carros de combate- frente a la cual las tropas del país ocupado no podían oponer resistencia.


Blitzkrieg # 01 - Febrero 1976

Blitzkrieg # 02 - Abril 1976

Blitzkrieg # 03 - Junio 1976

Blitzkrieg # 04 - Agosto 1976

Blitzkrieg # 05 - Octubre 1976

Curiosamente, la canción 'Blitzkrieg Bop' que abría el primer álbum de los Ramones (de título homónimo) también es de 1976, lo cual no deja de ser toda una casualidad. Este single está considerado como la primera canción punk de la historia, y sus guitarrazos constituyen el acompañamiento ideal para ilustrar la famosa táctica militar que tanto dolor produjo durante el conflicto más cruento del siglo XX.